19 sept 2011

Hotel Caravelle


Al abrir los ojos entre una multitud de formas humeantes, mientras el sol saturaba sus extensas pupilas, se alzaba otra figura visceral de la la reciente noche subterránea que seguía entre sus muslos. Y la luz gris repiqueteaba desde su regazo, la inmaculada virginidad que había sido. Seguía tensionándolos la flota relampagueante de transformaciones de sus estómagos autómatas.

Ninguno será ya codiciado.

La almohada como superficie de un mar de recuerdos todavía los tiene empapados. Sus latidos reverberan en la habitación. Sus labios sostienen las ruinas de la avalancha devastadora de sus espiritus, ardientes y desenfrenados por todo al mismo tiempo.
Él experimenta su ardiente fluir de la sangre y comprende que en ese instante lo sabe todo, lo sabe para siempre.


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